Hernando Pizarro

El Capitán Hernando Pizarro se reunió con su medio hermano Francisco en Trujillo, España en 1529. A partir de ese encuentro, se unió a la expedición que iría en pos del Cuzco. Su grado de Capitán y su experiencia en guerras europeas lo hacían muy valioso. El contingente partió de San Lúcar de Barrameda a fines de enero de 1530 y llegó a San Mateo en febrero de 1531. Allí se organizaron y Hernando Pizarro fue nombrado Lugarteniente del Capitán General. Desembarcaron en la bahía de Tumbes a fines de marzo o comienzos de abril y se dirigieron por tierra hacia Tumbes, a donde llegaron en 1531. La expedición se dirigió después a Cajamarca. En esa localidad, Hernando fue enviado -junto a Hernando de Soto- ante el inca Atahualpa. Su entrevista con el Inka fue más fructífera que la de los otros que lo habían intentado, porque Atahualpa accedió a dirigirle la palabra, reconociendo su cercanía al poder y su arrogancia.

Atabaliba

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119-120 “Después que de aquella tierra vino Isasaga, de quien vuestras mercedes se informarían de lo hasta allí acaecido, el gobernador fundó en nombre de Su Majestad un pueblo cerca de la costa, que se llama San Miguel, veinticinco leguas de aquel cabo de Túmbez. Dejados allí los vecinos y partidos los indios que había en la comarca del pueblo, se partió con sesenta de caballo y noventa peones, que estaba en él Atabaliba hijo del Cuzco viejo y hermano del que al presente era señor de la tierra: y entre los dos hermanos había muy cruda guerra, y aquel Atabaliba le había venido ganando la guerra hasta allí que hay desde donde partió ciento cincuenta leguas.”
120 “Pasadas siete u ocho jornadas, vino al gobernador un capitán de Atabaliba, y díjole que su señor Atabaliba había sabido de su venida y holgaba mucho dello, y tenía deseo de conocer a los cristianos: y así como hubo estado dos días con el gobernador, dijo que quería adelantarse a decir a su señor cómo iba, y que el otro vernía al camino con presente en señal de paz.”
120 “El gobernador fue de camino adelante hasta llegar a un pueblo que se dice la Ramada, que hasta allí era todo tierra llana, y desde allí era sierra muy áspera y de muy malos pasos: y visto que no volvía el mensajero de Atabaliba, quiso informarse de algunos indios que habían venido a Caxamalca; y atormentáronse, y dijeron que habían oído que Atabaliba esperaba al gobernador en la sierra para darle guerra.”
121 “A la mitad del camino vinieron mensajeros de Atabaliba, y trajeron al gobernador comida, y dijeron que Atabaliba le esperaba en Caxamalca, que quería ser su amigo, y que le hacía saber que sus capitanes que había enviado a la del Cuzco su hermano, le traían preso y que serían en Caxamalca dende en dos días, y que toda la tierra de su padre estaba ya por él. El gobernador le envió decir que holgaba mucho de ello, y que si algún señor había que no le quería dar la obediencia, que él le ayudaría a sojuzgarle.”
121 “Desde a dos días llegó el gobernador a vista de Caxamalca, y halló indios con comida: y puesta la gente en orden, caminó al pueblo, y halló que Atabaliba no estaba en él, que estaba una legua de allí en el campo con toda su gente en toldos. Y visto que Atabaliba no venía a verle, envió un capitán con quince de caballo a hablar a Atabaliba, diciendo que no se aposentaba hasta saber donde era su voluntad que se aposentasen los cristianos, y que le rogaba que viniese, porque quería holgarse con él. En esto yo vine a hablar al gobernador, que había ido a mirar la manera del pueblo, para si de noche diesen en nosotros los indios, y díjome como había enviado a hablar a Atabaliba. Yo le dije que me parecía que en sesenta de caballo que tenía había algunas personas que no eran diestros a caballo, y otros caballos mancos, y que sacar quince de caballo de los mejores, que era yerro, porque si Atabaliba algo quisiese hacer, no eran para defenderse, y que acaeciéndoles algún revés, que les harían mucha falta.”
121 “Cuando yo llegué a este paso de Atabaliba, hallé los de caballo junto con el real, y el capitán había ido a hablar con Atabaliba. Yo dejé allí la gente que llevaba, y con dos caballos pasé al aposento; y el capitán le dijo cómo iba y quien era. Y yo dije al Atabaliba que el gobernador me enviaba a visitarle, y que le rogaba que le viniese a ver, porque le estaba esperando para holgarse con él, y que le tenía por amigo.”
122 “Entre los mensajeros que envió, vino aquel capitán que primero había venido al gobernador al camino, y dijo al gobernador que su señor Atabaliba decía pues los cristianos habían ido con armas a su real, que él quería venir con sus armas. El gobernador le dijo que viniese como él quisiese, y Atabaliba partió de su real a mediodía, y en llegar hasta un campo que estaba medio cuarto de legua de Caxamalca tardó hasta que el sol iba muy bajo.”
122 “Aquella noche se hizo buena guarda: a la mañana, envió sus mensajeros, dilatando la venida hasta que era ya tarde; y de aquellos mensajeros que venían hablando con algunas indias tenían los cristianos parientas suyas, y les dijeron que se huyesen, porque Atabaliba venía sobre tarde para dar aquella noche en los cristianos y matarlos.”
122 “El gobernador había mandado repartir la gente en los tres galpones que estaban en la plaza, en triángulo, y que estuviesen a caballo y armados hasta ver qué determinación traía Atabaliba. Asentados sus toldos, envió a decir al gobernador que ya era tarde, que él quería dormir allí, que por la mañana vernía: el gobernador le envió a decir que le rogaba que viniese luego, porque le esperaba a cenar, y que no había de cenar hasta que fuese.”
123 “El gobernador envió un cristiano, y luego Atabaliba se movió para venir, y dejó allí a la gente con las armas, y llevó consigo hasta cinco o seis mil indios sin armas, salvo que debajo de las camisetas traían unas porras pequeñas y hondas y bolsas con piedras. Venía en unas andas, y delante de él hasta trescientos o cuatrocientos indios con camisetas de librea, limpiando las pajas del camino y cantando; y él en medio de la otra gente, que eran caciques y principales, y los más principales caciques le traían en los hombros.”
123 “Entrando hasta la mitad de la plaza, reparó allí, y salió un fraile dominico, que estaba con el gobernador, a hablarle de su parte que el gobernador le esperaba en su aposento, que le fuese a hablar: y díjole como era sacerdote, y que era enviado por el Emperador para que les enseñase las cosas de la fe, si quisiesen ser cristianos, y díjole que aquel libro era de las cosas de Dios; y el Atabaliba le pidió el libro y arrojóle en el suelo, y dijo: “Yo no pasaré de aquí hasta que deis todo lo que habeis tomado en mi tierra; que yo bien sé quién sois vosotros y en lo que andais”. Y levantóse en las andas y habló a su gente, y hubo murmullo entre ellos, llamando a la gente que tenía las armas.”
124 “El gobernador salió y tomó a Atabaliba, y, por defenderlo, le dió un cristiano una cuchillada en una mano: la gente siguió el alcance hasta donde estaban los indios con armas. No se halló en ellos resistencia ninguna, porque ya era noche: recogiéronse todos al pueblo donde el gobernador quedaba.”
124 “Otro día de mañana, mandó el gobernador que fuésemos al real de Atabaliba: hallóse en él hasta cuarenta mil castellanos y cuatro o cinco mil marcos de plata, y el real tan lleno de gente como si nunca hubiera faltado ninguna. Recogióse toda la gente, y el gobernador les habló que se fuesen a sus casas, que él no venía a hacer mal, que lo que se había hecho había sido por la soberbia de Atabaliba; y el Atabaliba asimismo se lo mandó. Preguntando a Atabaliba por que había echado el libro y mostrado tanta soberbia, dijo que aquel capitán suyo, que había venido a hablar al gobernador, le había dicho que los cristianos no eran hombres de guerra, y que los caballos se desensillaban de noche, y que con doscientos indios que le diese, se los ataría a todos; y que este capitán y el cacique que arriba he dicho de San Miguel, le engañaron.”
124 “Y visto que los cristianos recogían algún oro, dijo Atabaliba al gobernador que no se curase de aquel oro, que era poco: que él le daría diez mil tejuelo y le henchiría de piezas de oro aquel buhío, en que estaba, hasta una raya blanca, que sería estado y medio de alto, y el buhío ternía de ancho diecisiete o dieciocho pies, y de largo treinta y cinco; y que cumpliría dentro de dos meses.”
126 “Estos caciques de la sierra y gente tienen más arte que no los de los llanos. Es la tierra bien poblada : tienen muchas minas en mucha parte de ella. Es tierra fría: nieva en ella y llueve mucho; no hay ciénagas: es pobre de leña. En todos los pueblos principales tiene Atabaliba puestos gobernadores, y asimismo los tenían los señores antecesores suyos.”
126 “Estas casas son unas para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas.”
128 “En este pueblo supe que un capitán y principal de Atabaliba estaba veinte leguas de nosotros en un pueblo que dice Xauxa: enviéle a llamar que me viniese a ver, y respondió que yo me fuese camino de Caxamalca, que él saldría por otro camino a juntarse conmigo.”
128-129 “Yo me volví camino de Caxamalca por otro camino que el que había ido adonde el capitán de Atabaliba quedó de salir a mí no había salido: antes supe de aquellos caciques que estaba quedo y me había burlado porque me viniese. Desde allí volvimos hacia donde él estaba, y el camino fué tan fragoso y de tanta nieve, que se pasó harto trabajo en llegar allá. Llegado al camino real a un pueblo que se dice “Bombón”, topé un capitán de Atabaliba con cinco mil indios de guerra que a Atabaliba llevaba en achaque de conquistar un cacique rebelde, y según después ha parecido, eran para hacer junta para matar a los cristianos”
129 “Así fuimos a Xauxa: llegado media legua del pueblo, visto que el capitán no salía a recibirnos un principal de Atabaliba que llevaba conmigo, a quien yo había hecho buen tratamiento, me dijo que hiciese ir los cristianos en orden, porque creía que el capitán estaba de guerra. Subido a un cerrillo que estaba cerca de Xauxa, vimos en la plaza gran bulto negro, que pensamos ser cosa quemada. Preguntando qué era aquello, dijéronnos que eran indios.”
130 “Después de yo venido, según el gobernador me escribe, supe que Atabaliba hacía junta de gente para dar guerra a los cristianos, y dice que hicieron justicia de él: hizo señor a otro hermano suyo, que era su enemigo.”

Bombon

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129 “Yo me volví camino de Caxamalca por otro camino que el que había ido adonde el capitán de Atabaliba quedó de salir a mí no había salido: antes supe de aquellos caciques que estaba quedo y me había burlado porque me viniese. Desde allí volvimos hacia donde él estaba, y el camino fué tan fragoso y de tanta nieve, que se pasó harto trabajo en llegar allá. Llegado al camino real a un pueblo que se dice “Bombón”, topé un capitán de Atabaliba con cinco mil indios de guerra que a Atabaliba llevaba en achaque de conquistar un cacique rebelde, y según después ha parecido, eran para hacer junta para matar a los cristianos allí hallamos hasta quinientos mil pesos de oro que llevaban a Caxamalca.”

Buhío

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124-125 “Y visto que los cristianos recogían algún oro, dijo Atabaliba al gobernador que no se curase de aquel oro, que era poco: que él le daría diez mil tejuelo y le henchiría de piezas de oro aquel buhío, en que estaba, hasta una raya blanca, que sería estado y medio de alto, y el buhío ternía de ancho diecisiete o dieciocho pies, y de largo treinta y cinco; y que cumpliría dentro de dos meses.”
127 “Toda esta tierra de los llanos y mucha más adelante no tributa al Cusco, sino a la mezquita. El obispo de ella estaba con el gobernador en Caxamalca: habíale mandado otro buhío de oro, como el que Atabaliba mandó. A este propósito el gobernador me envió ir a dar priesa para que se llevase. Llegado a la mezquita y aposentados, pregunté por el oro y negáronmelo que no lo había: hízose alguna diligencia, y no se pudo hallar.”

Cacique

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121 “Y yo dije al Atabaliba que el gobernador me enviaba a visitarle, y que le rogaba que le viniese a ver, porque le estaba esperando para holgarse con él, y que le tenía por amigo. Díjome que un cacique del pueblo de San Miguel le había enviado a decir que éramos mala gente y no buena para la guerra, y que aquel cacique nos había muerto caballos y gente. Yo le dije que aquella gente de San Miguel eran como mujeres, y que un caballo bastaba para toda aquella tierra, y que cuando nos viese pelear, vería quién éramos: que el gobernador le quería mucho, y que si tenía algún enemigo, que se lo dijese, que él lo enviaría a conquistar.”
124 “Preguntando a Atabaliba por que había echado el libro y mostrado tanta soberbia, dijo que aquel capitán suyo, que había venido a hablar al gobernador, le había dicho que los cristianos no eran hombres de guerra, y que los caballos se desensillaban de noche, y que con doscientos indios que le diese, se los ataría a todos; y que este capitán y el cacique que arriba he dicho de San Miguel, le engañaron. Preguntóle el gobernador por su hermano del Cuzco: dijo que otro día allegaría allí, que le traían preso, y que sus capitanes quedaban con la gente en el pueblo del Cuzco.”
126 “Estas casas son unas para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas. También tienen cargos de hacer chicha para cuando pasa la gente de guerra. De estas casas sacaban indias que nos presentaban. A estos pueblos del camino vienen a servir todos los caciques comarcanos: cuando pasa la gente de guerra, tienen depósito de leña y maiz y de todo lo demás. Cuentan por unos nudos en unas cuerdas de lo que cada cacique a traído. Y cuando nos habían de traer algunas cargas de leña u ovejas o maíz o chicha, quitaban de los nudos de los que tenían a cargo, y anudábanlo en otra parte: de manera que en todo tienen muy gran cuenta y razón.”
128 “Yo creo que no hablan con el diablo, sino que aquellos servidores suyos engañan a los caciques por servirse de ellos; porque yo hice diligencia por saberlo, y un paje viejo de los más privados de su dios que me dijo un cacique que había dicho que le dijo el diablo que no tuviese miedo de los caballos, que espantaban y no hacían mal, hícele atormentar y estuvo rebelde en su mala secta, que nunca de él se pudo saber más de que realmente le tienen por dios. Esta mezquita es tan temida de todos los indios, que si alguno de aquellos servidores del diablo le pidiese cuanto tuviese y no lo diese, había de morir luego. Y según parece los indios no adoran a este diablo por devoción sino por temor: que a mí me decíanlos caciques que hasta entonces había servido aquella mezquita porque le habían miedo, que ya no había miedo sino a nosotros, que a nosotros querían servir.”
128-129 “Yo me volví camino de Caxamalca por otro camino que el que había ido adonde el capitán de Atabaliba quedó de salir a mí no había salido: antes supe de aquellos caciques que estaba quedo y me había burlado porque me viniese. Desde allí volvimos hacia donde él estaba, y el camino fué tan fragoso y de tanta nieve, que se pasó harto trabajo en llegar allá. Llegado al camino real a un pueblo que se dice “Bombón”, topé un capitán de Atabaliba con cinco mil indios de guerra que a Atabaliba llevaba en achaque de conquistar un cacique rebelde, y según después ha parecido, eran para hacer junta para matar a los cristianos: allí hallamos hasta quinientos mil pesos de oro que llevaban a Caxamalca.”

Caciques

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128 “La cueva donde estaba el ídolo era muy oscura, que no podía entrar a ella sin candela, y dentro muy sucia. Hice a todos los caciques de la comarca que me vinieron a ver entrar dentro para que perdiesen el miedo; y a falta de predicador, les hice mi sermón diciendo el engaño en que vivían.”
123 “El gobernador envió un cristiano, y luego Atabaliba se movió para venir, y dejó allí a la gente con las armas, y llevó consigo hasta cinco o seis mil indios sin armas, salvo que debajo de las camisetas traían unas porras pequeñas y hondas y bolsas con piedras. Venía en unas andas, y delante de él hasta trescientos o cuatrocientos indios con camisetas de librea, limpiando las pajas del camino y cantando; y él en medio de la otra gente, que eran caciques y principales, y los más principales caciques le traían en los hombros. En entrando en la plaza, subieron doce o quince indios en una fortalecilla que allí está y tomáronla a manera de posesión con una bandera puesta en una lanza.”
125 “El camino de la sierra es cosa de ver, porque en verdad en tierra tan fangosa en la cristiandad no se han visto tan hermosos caminos, toda la mayor parte de calzada. Todos los arroyos tienen puentes de piedra o de madera; en un río grande que era muy caudalosos y muy grande, que pasamos dos veces, hallamos puentes de red, que es cosa maravillosa de ver. Pasamos por ella los caballos. Tiene cada pasaje dos puentes: la una por donde pasa la gente común; la otra por donde pasa el señor de la tierra o sus capitanes. Esta tienen siempre cerrada e indios que la guardan. Estos indios cobran portazgo de los que pasan. Estos caciques de la sierra y gente tienen más arte que no los de los llanos. Es la tierra bien poblada : tienen muchas minas en mucha parte de ella. Es tierra fría: nieva en ella y llueve mucho; no hay ciénagas: es pobre de leña. En todos los pueblos principales tiene Atabaliba puestos gobernadores, y asimismo los tenían los señores antecesores suyos.”
126 “Estas casas son unas para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas. También tienen cargos de hacer chicha para cuando pasa la gente de guerra. De estas casas sacaban indias que nos presentaban. A estos pueblos del camino vienen a servir todos los caciques comarcanos: cuando pasa la gente de guerra, tienen depósito de leña y maiz y de todo lo demás. Cuentan por unos nudos en unas cuerdas de lo que cada cacique a traído. Y cuando nos habían de traer algunas cargas de leña u ovejas o maíz o chicha, quitaban de los nudos de los que tenían a cargo, y anudábanlo en otra parte: de manera que en todo tienen muy gran cuenta y razón.”
127 “Hay poblaciones muy grandes: las casas de los indios de cañizos; las de los caciques de tapia, y ramadas por coberturas, porque en aquella tierra no llueve. Desde el pueblo de San Miguel hasta aquella mezquita habrá ciento setenta o ciento ochenta leguas por la costa de la tierra muy poblada. Toda esta tierra atraviesa el camino tapiado: en toda ella; ni en doscientas leguas que se tienen noticias en la costa delante, no llueve. Viven de riego, porque es tanto lo que llueve en la sierra, que salen de ella muchos ríos, que en toda la tierra no hay tres leguas que no haya río.”
127-128 “Los caciques comarcanos me vinieron a ver y trajeron presente; y allí en la mezquita se halló algún oro podrido que dejaron, cuando escondieron lo demás: de todo se juntó ochenta y cinco mil castellanos y tres mil marcos de plata. Este pueblo de la mezquita (es) de muy grandes cercados y corrales: fuera de ella está otro cercado grande, que por una puerta se sirve la mezquita. En este cercado están las casas de las mujeres, que dicen ser mujeres del diablo, y aquí están los silos, donde están guardados los depósitos del oro. Aquí no entra nadie donde estas mujeres están: hacen sus sacrificios como las que están en las otras casas del sol, que arriba he dicho. Para entrar en el primer patio de la mezquita, han de ayunar veinte dás: para subir al patio de arriba, han de haber ayunado un año: en este patio de arriba suele estar el obispo: cuando suben algunos mensajeros de caciques que han ayunado su año, a pedir al dios que les dé maíz y buenos temporales, hallan el obispo cubierta la cabeza y sentado. Hay otros indios que llaman pajes del dios. Así como estos mensajeros de los caciques dicen al obispo por su embajada, entran aquellos pajes del diablo dentro de una camarilla, donde dicen que hablan con él; que el diablo les dice de qué está enojado de los caciques, y los sacrificios se han de hacer, y los presentes que quiere que le traigan.”
128 “Yo creo que no hablan con el diablo, sino que aquellos servidores suyos engañan a los caciques por servirse de ellos; porque yo hice diligencia por saberlo, y un paje viejo de los más privados de su dios que me dijo un cacique que había dicho que le dijo el diablo que no tuviese miedo de los caballos, que espantaban y no hacían mal, hícele atormentar y estuvo rebelde en su mala secta, que nunca de él se pudo saber más de que realmente le tienen por dios. Esta mezquita es tan temida de todos los indios, que si alguno de aquellos servidores del diablo le pidiese cuanto tuviese y no lo diese, había de morir luego. Y según parece los indios no adoran a este diablo por devoción sino por temor: que a mí me decíanlos caciques que hasta entonces había servido aquella mezquita porque le habían miedo, que ya no había miedo sino a nosotros, que a nosotros querían servir.”
128-129 “Yo me volví camino de Caxamalca por otro camino que el que había ido adonde el capitán de Atabaliba quedó de salir a mí no había salido: antes supe de aquellos caciques que estaba quedo y me había burlado porque me viniese. Desde allí volvimos hacia donde él estaba, y el camino fué tan fragoso y de tanta nieve, que se pasó harto trabajo en llegar allá. Llegado al camino real a un pueblo que se dice “Bombón”, topé un capitán de Atabaliba con cinco mil indios de guerra que a Atabaliba llevaba en achaque de conquistar un cacique rebelde, y según después ha parecido, eran para hacer junta para matar a los cristianos: allí hallamos hasta quinientos mil pesos de oro que llevaban a Caxamalca.”
129 “Llegados al pueblo, y como nadie nos salía a recibir, iba la gente toda con pensamiento de pelear con los indios: al entrar en la plaza salieron unos principales a recibirnos de paz, y dijéronnos que el capitán no estaba allí que era ido a pacificar ciertos caciques, y según pareció de temor se había ido con la gente de guerra, y había pasado un río que estaba junto cabe el pueblo, de una puente de red. Enviéle a decir que viniese de paz, si no que irían los cristianos a le destruir.”

Cacique

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121 “Y yo dije al Atabaliba que el gobernador me enviaba a visitarle, y que le rogaba que le viniese a ver, porque le estaba esperando para holgarse con él, y que le tenía por amigo. Díjome que un cacique del pueblo de San Miguel le había enviado a decir que éramos mala gente y no buena para la guerra, y que aquel cacique nos había muerto caballos y gente. Yo le dije que aquella gente de San Miguel eran como mujeres, y que un caballo bastaba para toda aquella tierra, y que cuando nos viese pelear, vería quién éramos: que el gobernador le quería mucho, y que si tenía algún enemigo, que se lo dijese, que él lo enviaría a conquistar.”
124 “Preguntando a Atabaliba por que había echado el libro y mostrado tanta soberbia, dijo que aquel capitán suyo, que había venido a hablar al gobernador, le había dicho que los cristianos no eran hombres de guerra, y que los caballos se desensillaban de noche, y que con doscientos indios que le diese, se los ataría a todos; y que este capitán y el cacique que arriba he dicho de San Miguel, le engañaron. Preguntóle el gobernador por su hermano del Cuzco: dijo que otro día allegaría allí, que le traían preso, y que sus capitanes quedaban con la gente en el pueblo del Cuzco.”
126 “Estas casas son unas para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas. También tienen cargos de hacer chicha para cuando pasa la gente de guerra. De estas casas sacaban indias que nos presentaban. A estos pueblos del camino vienen a servir todos los caciques comarcanos: cuando pasa la gente de guerra, tienen depósito de leña y maiz y de todo lo demás. Cuentan por unos nudos en unas cuerdas de lo que cada cacique a traído. Y cuando nos habían de traer algunas cargas de leña u ovejas o maíz o chicha, quitaban de los nudos de los que tenían a cargo, y anudábanlo en otra parte: de manera que en todo tienen muy gran cuenta y razón.”
128 “Yo creo que no hablan con el diablo, sino que aquellos servidores suyos engañan a los caciques por servirse de ellos; porque yo hice diligencia por saberlo, y un paje viejo de los más privados de su dios que me dijo un cacique que había dicho que le dijo el diablo que no tuviese miedo de los caballos, que espantaban y no hacían mal, hícele atormentar y estuvo rebelde en su mala secta, que nunca de él se pudo saber más de que realmente le tienen por dios. Esta mezquita es tan temida de todos los indios, que si alguno de aquellos servidores del diablo le pidiese cuanto tuviese y no lo diese, había de morir luego. Y según parece los indios no adoran a este diablo por devoción sino por temor: que a mí me decíanlos caciques que hasta entonces había servido aquella mezquita porque le habían miedo, que ya no había miedo sino a nosotros, que a nosotros querían servir.”
128-129 “Yo me volví camino de Caxamalca por otro camino que el que había ido adonde el capitán de Atabaliba quedó de salir a mí no había salido: antes supe de aquellos caciques que estaba quedo y me había burlado porque me viniese. Desde allí volvimos hacia donde él estaba, y el camino fué tan fragoso y de tanta nieve, que se pasó harto trabajo en llegar allá. Llegado al camino real a un pueblo que se dice “Bombón”, topé un capitán de Atabaliba con cinco mil indios de guerra que a Atabaliba llevaba en achaque de conquistar un cacique rebelde, y según después ha parecido, eran para hacer junta para matar a los cristianos: allí hallamos hasta quinientos mil pesos de oro que llevaban a Caxamalca.”

Caciques

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128 “La cueva donde estaba el ídolo era muy oscura, que no podía entrar a ella sin candela, y dentro muy sucia. Hice a todos los caciques de la comarca que me vinieron a ver entrar dentro para que perdiesen el miedo; y a falta de predicador, les hice mi sermón diciendo el engaño en que vivían.”
123 “El gobernador envió un cristiano, y luego Atabaliba se movió para venir, y dejó allí a la gente con las armas, y llevó consigo hasta cinco o seis mil indios sin armas, salvo que debajo de las camisetas traían unas porras pequeñas y hondas y bolsas con piedras. Venía en unas andas, y delante de él hasta trescientos o cuatrocientos indios con camisetas de librea, limpiando las pajas del camino y cantando; y él en medio de la otra gente, que eran caciques y principales, y los más principales caciques le traían en los hombros. En entrando en la plaza, subieron doce o quince indios en una fortalecilla que allí está y tomáronla a manera de posesión con una bandera puesta en una lanza.”
125 “El camino de la sierra es cosa de ver, porque en verdad en tierra tan fangosa en la cristiandad no se han visto tan hermosos caminos, toda la mayor parte de calzada. Todos los arroyos tienen puentes de piedra o de madera; en un río grande que era muy caudalosos y muy grande, que pasamos dos veces, hallamos puentes de red, que es cosa maravillosa de ver. Pasamos por ella los caballos. Tiene cada pasaje dos puentes: la una por donde pasa la gente común; la otra por donde pasa el señor de la tierra o sus capitanes. Esta tienen siempre cerrada e indios que la guardan. Estos indios cobran portazgo de los que pasan. Estos caciques de la sierra y gente tienen más arte que no los de los llanos. Es la tierra bien poblada : tienen muchas minas en mucha parte de ella. Es tierra fría: nieva en ella y llueve mucho; no hay ciénagas: es pobre de leña. En todos los pueblos principales tiene Atabaliba puestos gobernadores, y asimismo los tenían los señores antecesores suyos.”
126 “Estas casas son unas para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas. También tienen cargos de hacer chicha para cuando pasa la gente de guerra. De estas casas sacaban indias que nos presentaban. A estos pueblos del camino vienen a servir todos los caciques comarcanos: cuando pasa la gente de guerra, tienen depósito de leña y maiz y de todo lo demás. Cuentan por unos nudos en unas cuerdas de lo que cada cacique a traído. Y cuando nos habían de traer algunas cargas de leña u ovejas o maíz o chicha, quitaban de los nudos de los que tenían a cargo, y anudábanlo en otra parte: de manera que en todo tienen muy gran cuenta y razón.”
127 “Hay poblaciones muy grandes: las casas de los indios de cañizos; las de los caciques de tapia, y ramadas por coberturas, porque en aquella tierra no llueve. Desde el pueblo de San Miguel hasta aquella mezquita habrá ciento setenta o ciento ochenta leguas por la costa de la tierra muy poblada. Toda esta tierra atraviesa el camino tapiado: en toda ella; ni en doscientas leguas que se tienen noticias en la costa delante, no llueve. Viven de riego, porque es tanto lo que llueve en la sierra, que salen de ella muchos ríos, que en toda la tierra no hay tres leguas que no haya río.”
127-128 “Los caciques comarcanos me vinieron a ver y trajeron presente; y allí en la mezquita se halló algún oro podrido que dejaron, cuando escondieron lo demás: de todo se juntó ochenta y cinco mil castellanos y tres mil marcos de plata. Este pueblo de la mezquita (es) de muy grandes cercados y corrales: fuera de ella está otro cercado grande, que por una puerta se sirve la mezquita. En este cercado están las casas de las mujeres, que dicen ser mujeres del diablo, y aquí están los silos, donde están guardados los depósitos del oro. Aquí no entra nadie donde estas mujeres están: hacen sus sacrificios como las que están en las otras casas del sol, que arriba he dicho. Para entrar en el primer patio de la mezquita, han de ayunar veinte dás: para subir al patio de arriba, han de haber ayunado un año: en este patio de arriba suele estar el obispo: cuando suben algunos mensajeros de caciques que han ayunado su año, a pedir al dios que les dé maíz y buenos temporales, hallan el obispo cubierta la cabeza y sentado. Hay otros indios que llaman pajes del dios. Así como estos mensajeros de los caciques dicen al obispo por su embajada, entran aquellos pajes del diablo dentro de una camarilla, donde dicen que hablan con él; que el diablo les dice de qué está enojado de los caciques, y los sacrificios se han de hacer, y los presentes que quiere que le traigan.”
128 “Yo creo que no hablan con el diablo, sino que aquellos servidores suyos engañan a los caciques por servirse de ellos; porque yo hice diligencia por saberlo, y un paje viejo de los más privados de su dios que me dijo un cacique que había dicho que le dijo el diablo que no tuviese miedo de los caballos, que espantaban y no hacían mal, hícele atormentar y estuvo rebelde en su mala secta, que nunca de él se pudo saber más de que realmente le tienen por dios. Esta mezquita es tan temida de todos los indios, que si alguno de aquellos servidores del diablo le pidiese cuanto tuviese y no lo diese, había de morir luego. Y según parece los indios no adoran a este diablo por devoción sino por temor: que a mí me decíanlos caciques que hasta entonces había servido aquella mezquita porque le habían miedo, que ya no había miedo sino a nosotros, que a nosotros querían servir.”
128-129 “Yo me volví camino de Caxamalca por otro camino que el que había ido adonde el capitán de Atabaliba quedó de salir a mí no había salido: antes supe de aquellos caciques que estaba quedo y me había burlado porque me viniese. Desde allí volvimos hacia donde él estaba, y el camino fué tan fragoso y de tanta nieve, que se pasó harto trabajo en llegar allá. Llegado al camino real a un pueblo que se dice “Bombón”, topé un capitán de Atabaliba con cinco mil indios de guerra que a Atabaliba llevaba en achaque de conquistar un cacique rebelde, y según después ha parecido, eran para hacer junta para matar a los cristianos: allí hallamos hasta quinientos mil pesos de oro que llevaban a Caxamalca.”
129 “Llegados al pueblo, y como nadie nos salía a recibir, iba la gente toda con pensamiento de pelear con los indios: al entrar en la plaza salieron unos principales a recibirnos de paz, y dijéronnos que el capitán no estaba allí que era ido a pacificar ciertos caciques, y según pareció de temor se había ido con la gente de guerra, y había pasado un río que estaba junto cabe el pueblo, de una puente de red. Enviéle a decir que viniese de paz, si no que irían los cristianos a le destruir.”

Camino

Texto pag No Cita
125 “A este pueblo me llegó licencia del gobernador para que fuese a una mezquita, de que teníamos noticia, que estaba cien leguas de la costa de la mar, en un pueblo que se dice Pachacama: tardamos en llegar a ella veintidós días; los quince días fuimos por la sierra, y los otros por la costa de la mar. El camino de la sierra es cosa de ver, porque en verdad en tierra tan fangosa en la cristiandad no se han visto tan hermosos caminos, toda la mayor parte de calzada. Todos los arroyos tienen puentes de piedra o de madera; en un río grande que era muy caudalosos y muy grande, que pasamos dos veces, hallamos puentes de red, que es cosa maravillosa de ver. Pasamos por ella los caballos.”

Caminos

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125 “A este pueblo me llegó licencia del gobernador para que fuese a una mezquita, de que teníamos noticia, que estaba cien leguas de la costa de la mar, en un pueblo que se dice Pachacama: tardamos en llegar a ella veintidós días; los quince días fuimos por la sierra, y los otros por la costa de la mar. El camino de la sierra es cosa de ver, porque en verdad en tierra tan fangosa en la cristiandad no se han visto tan hermosos caminos, toda la mayor parte de calzada. Todos los arroyos tienen puentes de piedra o de madera; en un río grande que era muy caudalosos y muy grande, que pasamos dos veces, hallamos puentes de red, que es cosa maravillosa de ver. Pasamos por ella los caballos.”

Camino real

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126 “Llegados a los llanos, que es en la costa, es otra manera de gente más bruta, no tan bien tratados, mas de mucha gente. Asimismo tienen casas de mujeres y todo lo demás, como los pueblos de la sierra. Nunca nos quisieron decir de la mezquita: que tenían en sí ordenados que todos los que nos dijesen, habían de morir; pero como teníamos noticia que era en la costa, seguimos el camino real hasta ir a dar en ella. El camino va muy ancho, tapiado de una banda y de otra. A trechos casas de aposento hechas en él, que quedaron de cuando el Cusco pasó por aquella tierra. Hay poblaciones muy grandes: las casas de los indios de cañizos; las de los caciques de tapia, y ramadas por coberturas, porq1ue en aquella tierra no llueve.”
129 “Desde allí volvimos hacia donde él estaba, y el camino fué tan fragoso y de tanta nieve, que se pasó harto trabajo en llegar allá. Llegado al camino real a un pueblo que se dice “Bombón”, topé un capitán de Atabaliba con cinco mil indios de guerra que a Atabaliba llevaba en achaque de conquistar un cacique rebelde, y según después ha parecido, eran para hacer junta para matar a los cristianos: allí hallamos hasta quinientos mil pesos de oro que llevaban a Caxamalca.”

Capitán

Texto pag No Cita
120 “Pasadas siete u ocho jornadas, vino al gobernador un capitán de Atabaliba, y díjole que su señor Atabaliba había sabido de su venida y holgaba mucho dello, y tenía deseo de conocer a los cristianos: y así como hubo estado dos días con el gobernador, dijo que quería adelantarse a decir a su señor cómo iba, y que el otro vernía al camino con presente en señal de paz.”
122 “Entre los mensajeros que envió, vino aquel capitán que primero había venido al gobernador al camino, y dijo al gobernador que su señor Atabaliba decía pues los cristianos habían ido con armas a su real, que él quería venir con sus armas. El gobernador le dijo que viniese como él quisiese, y Atabaliba partió de su real a mediodía, y en llegar hasta un campo que estaba medio cuarto de legua de Caxamalca tardó hasta que el sol iba muy bajo.”
124 “Otro día de mañana, mandó el gobernador que fuésemos al real de Atabaliba: hallóse en él hasta cuarenta mil castellanos y cuatro o cinco mil marcos de plata, y el real tan lleno de gente como si nunca hubiera faltado ninguna. Recogióse toda la gente, y el gobernador les habló que se fuesen a sus casas, que él no venía a hacer mal, que lo que se había hecho había sido por la soberbia de Atabaliba; y el Atabaliba asimismo se lo mandó. Preguntando a Atabaliba por que había echado el libro y mostrado tanta soberbia, dijo que aquel capitán suyo, que había venido a hablar al gobernador, le había dicho que los cristianos no eran hombres de guerra, y que los caballos se desensillaban de noche, y que con doscientos indios que le diese, se los ataría a todos; y que este capitán y el cacique que arriba he dicho de San Miguel, le engañaron. Preguntóle el gobernador por su hermano del Cuzco: dijo que otro día allegaría allí, que le traían preso, y que sus capitanes quedaban con la gente en el pueblo del Cuzco. Y según después pareció dijo verdad en todo, salvo que a su hermano lo envió a matar, con temor que el gobernador le restituyese en su señorío.”
128-129 “En este pueblo supe que un capitán y principal de Atabaliba estaba veinte leguas de nosotros en un pueblo que dice Xauxa: enviéle a llamar que me viniese a ver, y respondió que yo me fuese camino de Caxamalca, que él saldría por otro camino a juntarse conmigo. Sabido por el gobernador que el capitán estaba de paz y quería ir conmigo, escribióme que volviese , y envió tres cristianos al Cusco, que es cincuenta leguas más delante de Xauxa, a tomar la posesión y ver la tierra. Yo me volví camino de Caxamalca por otro camino que el que había ido adonde el capitán de Atabaliba quedó de salir a mí no había salido: antes supe de aquellos caciques que estaba quedo y me había burlado porque me viniese. Desde allí volvimos hacia donde él estaba, y el camino fué tan fragoso y de tanta nieve, que se pasó harto trabajo en llegar allá. Llegado al camino real a un pueblo que se dice “Bombón”, topé un capitán de Atabaliba con cinco mil indios de guerra que a Atabaliba llevaba en achaque de conquistar un cacique rebelde, y según después ha parecido, eran para hacer junta para matar a los cristianos: allí hallamos hasta quinientos mil pesos de oro que llevaban a Caxamalca. Este capitán me dijo que el capitán general quedaba en Xauxa, y sabía de nuestra ida y tenía mucho miedo. Yo le envié mensajeros para que estuviese quedo y no tuviese temor; hallé allí un negro que había ido con los cristianos que iban al Cusco, y díjome que aquellos temores eran fingidos, porque el capitán tenía mucha gente y muy buena, y que en presencia de los cristianos la habían contado por sus nudos, y que había hallado treinta y cinco mil indios. Así fuimos a Xauxa: llegado media legua del pueblo, visto que el capitán no salía a recibirnos un principal de Atabaliba que llevaba conmigo, a quien yo había hecho buen tratamiento, me dijo que hiciese ir los cristianos en orden, porque creía que el capitán estaba de guerra. Subido a un cerrillo que estaba cerca de Xauxa, vimos en la plaza gran bulto negro, que pensamos ser cosa quemada. Preguntando qué era aquello, dijéronnos que eran indios. La plaza es grande y tiene un cuarto de legua. Llegados al pueblo, y como nadie nos salía a recibir, iba la gente toda con pensamiento de pelear con los indios: al entrar en la plaza salieron unos principales a recibirnos de paz, y dijéronnos que el capitán no estaba allí que era ido a pacificar ciertos caciques, y según pareció de temor se había ido con la gente de guerra, y había pasado un río que estaba junto cabe el pueblo, de una puente de red. Enviéle a decir que viniese de paz, si no que irían los cristianos a le destruir.”
129 “Otro día de mañana vino la gente que estaba en la plaza, que eran indios de servicio, y es verdad que había sobre cien mil ánimas: allí estuvimos cinco días. En todo este pueblo no hicieron sino bailar y cantar y grandes fiestas de borracheras. Púsose en no venir conmigo: al cabo desde que dio la determinación de traerle, vino de su voluntad. Dejé allí por capitán al principal que llevé conmigo.”

Capitanes

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120 “A la mitad del camino vinieron mensajeros de Atabaliba, y trajeron al gobernador comida, y dijeron que Atabaliba le esperaba en Caxamalca, que quería ser su amigo, y que le hacía saber que sus capitanes que había enviado a la del Cuzco su hermano, le traían preso y que serían en Caxamalca dende en dos días, y que toda la tierra de su padre estaba ya por él.
124 “Otro día de mañana, mandó el gobernador que fuésemos al real de Atabaliba: hallóse en él hasta cuarenta mil castellanos y cuatro o cinco mil marcos de plata, y el real tan lleno de gente como si nunca hubiera faltado ninguna. Recogióse toda la gente, y el gobernador les habló que se fuesen a sus casas, que él no venía a hacer mal, que lo que se había hecho había sido por la soberbia de Atabaliba; y el Atabaliba asimismo se lo mandó. Preguntando a Atabaliba por que había echado el libro y mostrado tanta soberbia, dijo que aquel capitán suyo, que había venido a hablar al gobernador, le había dicho que los cristianos no eran hombres de guerra, y que los caballos se desensillaban de noche, y que con doscientos indios que le diese, se los ataría a todos; y que este capitán y el cacique que arriba he dicho de San Miguel, le engañaron. Preguntóle el gobernador por su hermano del Cuzco: dijo que otro día allegaría allí, que le traían preso, y que sus capitanes quedaban con la gente en el pueblo del Cuzco. Y según después pareció dijo verdad en todo, salvo que a su hermano lo envió a matar, con temor que el gobernador le restituyese en su señorío.”
125 “Pasados los dos meses que el oro no venía, antes el gobernador tenía nuevas cada día que venía gente de guerra sobre él, así por eso como por dar prisa al oro que viniese, el gobernador me mandó que saliese con veinte de caballo y diez o doce peones, hasta un pueblo que se dice Guamachuco, que esta veinte leguas de Caxamalca, que es adonde se decía que se hacía junta de los indios de guerra : y así fuí hasta aquel pueblo, donde hallamos cantidad de oro y plata, y desde allí la envié a Caxamalca. Unos indios se atormentaron, me dijeron que los capitanes y gente de guerra estaban seis leguas de aquel pueblo; y, aunque yo no llevaba comisión del gobernador para pasar de allí, porque los indios no cobrasen ánimo de pensar que volvíamos huyendo, acordé de llegar a aquel pueblo con catorce de caballo y nueve peones, porque los demás se enviaron en guarda del oro, porque tenían los caballos cojos.”
125 “El camino de la sierra es cosa de ver, porque en verdad en tierra tan fangosa en la cristiandad no se han visto tan hermosos caminos, toda la mayor parte de calzada. Todos los arroyos tienen puentes de piedra o de madera; en un río grande que era muy caudalosos y muy grande, que pasamos dos veces, hallamos puentes de red, que es cosa maravillosa de ver. Pasamos por ella los caballos. Tiene cada pasaje dos puentes: la una por donde pasa la gente común; la otra por donde pasa el señor de la tierra o sus capitanes. Esta tienen siempre cerrada e indios que la guardan. Estos indios cobran portazgo de los que pasan.”

Capitán

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120 “Pasadas siete u ocho jornadas, vino al gobernador un capitán de Atabaliba, y díjole que su señor Atabaliba había sabido de su venida y holgaba mucho dello, y tenía deseo de conocer a los cristianos: y así como hubo estado dos días con el gobernador, dijo que quería adelantarse a decir a su señor cómo iba, y que el otro vernía al camino con presente en señal de paz.”
122 “Entre los mensajeros que envió, vino aquel capitán que primero había venido al gobernador al camino, y dijo al gobernador que su señor Atabaliba decía pues los cristianos habían ido con armas a su real, que él quería venir con sus armas. El gobernador le dijo que viniese como él quisiese, y Atabaliba partió de su real a mediodía, y en llegar hasta un campo que estaba medio cuarto de legua de Caxamalca tardó hasta que el sol iba muy bajo.”
124 “Otro día de mañana, mandó el gobernador que fuésemos al real de Atabaliba: hallóse en él hasta cuarenta mil castellanos y cuatro o cinco mil marcos de plata, y el real tan lleno de gente como si nunca hubiera faltado ninguna. Recogióse toda la gente, y el gobernador les habló que se fuesen a sus casas, que él no venía a hacer mal, que lo que se había hecho había sido por la soberbia de Atabaliba; y el Atabaliba asimismo se lo mandó. Preguntando a Atabaliba por que había echado el libro y mostrado tanta soberbia, dijo que aquel capitán suyo, que había venido a hablar al gobernador, le había dicho que los cristianos no eran hombres de guerra, y que los caballos se desensillaban de noche, y que con doscientos indios que le diese, se los ataría a todos; y que este capitán y el cacique que arriba he dicho de San Miguel, le engañaron. Preguntóle el gobernador por su hermano del Cuzco: dijo que otro día allegaría allí, que le traían preso, y que sus capitanes quedaban con la gente en el pueblo del Cuzco. Y según después pareció dijo verdad en todo, salvo que a su hermano lo envió a matar, con temor que el gobernador le restituyese en su señorío.”
128-129 “En este pueblo supe que un capitán y principal de Atabaliba estaba veinte leguas de nosotros en un pueblo que dice Xauxa: enviéle a llamar que me viniese a ver, y respondió que yo me fuese camino de Caxamalca, que él saldría por otro camino a juntarse conmigo. Sabido por el gobernador que el capitán estaba de paz y quería ir conmigo, escribióme que volviese , y envió tres cristianos al Cusco, que es cincuenta leguas más delante de Xauxa, a tomar la posesión y ver la tierra. Yo me volví camino de Caxamalca por otro camino que el que había ido adonde el capitán de Atabaliba quedó de salir a mí no había salido: antes supe de aquellos caciques que estaba quedo y me había burlado porque me viniese. Desde allí volvimos hacia donde él estaba, y el camino fué tan fragoso y de tanta nieve, que se pasó harto trabajo en llegar allá. Llegado al camino real a un pueblo que se dice “Bombón”, topé un capitán de Atabaliba con cinco mil indios de guerra que a Atabaliba llevaba en achaque de conquistar un cacique rebelde, y según después ha parecido, eran para hacer junta para matar a los cristianos: allí hallamos hasta quinientos mil pesos de oro que llevaban a Caxamalca. Este capitán me dijo que el capitán general quedaba en Xauxa, y sabía de nuestra ida y tenía mucho miedo. Yo le envié mensajeros para que estuviese quedo y no tuviese temor; hallé allí un negro que había ido con los cristianos que iban al Cusco, y díjome que aquellos temores eran fingidos, porque el capitán tenía mucha gente y muy buena, y que en presencia de los cristianos la habían contado por sus nudos, y que había hallado treinta y cinco mil indios. Así fuimos a Xauxa: llegado media legua del pueblo, visto que el capitán no salía a recibirnos un principal de Atabaliba que llevaba conmigo, a quien yo había hecho buen tratamiento, me dijo que hiciese ir los cristianos en orden, porque creía que el capitán estaba de guerra. Subido a un cerrillo que estaba cerca de Xauxa, vimos en la plaza gran bulto negro, que pensamos ser cosa quemada. Preguntando qué era aquello, dijéronnos que eran indios. La plaza es grande y tiene un cuarto de legua. Llegados al pueblo, y como nadie nos salía a recibir, iba la gente toda con pensamiento de pelear con los indios: al entrar en la plaza salieron unos principales a recibirnos de paz, y dijéronnos que el capitán no estaba allí que era ido a pacificar ciertos caciques, y según pareció de temor se había ido con la gente de guerra, y había pasado un río que estaba junto cabe el pueblo, de una puente de red. Enviéle a decir que viniese de paz, si no que irían los cristianos a le destruir.”
129 “Otro día de mañana vino la gente que estaba en la plaza, que eran indios de servicio, y es verdad que había sobre cien mil ánimas: allí estuvimos cinco días. En todo este pueblo no hicieron sino bailar y cantar y grandes fiestas de borracheras. Púsose en no venir conmigo: al cabo desde que dio la determinación de traerle, vino de su voluntad. Dejé allí por capitán al principal que llevé conmigo.”

Capitanes

Texto pag No Cita
120 “A la mitad del camino vinieron mensajeros de Atabaliba, y trajeron al gobernador comida, y dijeron que Atabaliba le esperaba en Caxamalca, que quería ser su amigo, y que le hacía saber que sus capitanes que había enviado a la del Cuzco su hermano, le traían preso y que serían en Caxamalca dende en dos días, y que toda la tierra de su padre estaba ya por él.
124 “Otro día de mañana, mandó el gobernador que fuésemos al real de Atabaliba: hallóse en él hasta cuarenta mil castellanos y cuatro o cinco mil marcos de plata, y el real tan lleno de gente como si nunca hubiera faltado ninguna. Recogióse toda la gente, y el gobernador les habló que se fuesen a sus casas, que él no venía a hacer mal, que lo que se había hecho había sido por la soberbia de Atabaliba; y el Atabaliba asimismo se lo mandó. Preguntando a Atabaliba por que había echado el libro y mostrado tanta soberbia, dijo que aquel capitán suyo, que había venido a hablar al gobernador, le había dicho que los cristianos no eran hombres de guerra, y que los caballos se desensillaban de noche, y que con doscientos indios que le diese, se los ataría a todos; y que este capitán y el cacique que arriba he dicho de San Miguel, le engañaron. Preguntóle el gobernador por su hermano del Cuzco: dijo que otro día allegaría allí, que le traían preso, y que sus capitanes quedaban con la gente en el pueblo del Cuzco. Y según después pareció dijo verdad en todo, salvo que a su hermano lo envió a matar, con temor que el gobernador le restituyese en su señorío.”
125 “Pasados los dos meses que el oro no venía, antes el gobernador tenía nuevas cada día que venía gente de guerra sobre él, así por eso como por dar prisa al oro que viniese, el gobernador me mandó que saliese con veinte de caballo y diez o doce peones, hasta un pueblo que se dice Guamachuco, que esta veinte leguas de Caxamalca, que es adonde se decía que se hacía junta de los indios de guerra : y así fuí hasta aquel pueblo, donde hallamos cantidad de oro y plata, y desde allí la envié a Caxamalca. Unos indios se atormentaron, me dijeron que los capitanes y gente de guerra estaban seis leguas de aquel pueblo; y, aunque yo no llevaba comisión del gobernador para pasar de allí, porque los indios no cobrasen ánimo de pensar que volvíamos huyendo, acordé de llegar a aquel pueblo con catorce de caballo y nueve peones, porque los demás se enviaron en guarda del oro, porque tenían los caballos cojos.”
125 “El camino de la sierra es cosa de ver, porque en verdad en tierra tan fangosa en la cristiandad no se han visto tan hermosos caminos, toda la mayor parte de calzada. Todos los arroyos tienen puentes de piedra o de madera; en un río grande que era muy caudalosos y muy grande, que pasamos dos veces, hallamos puentes de red, que es cosa maravillosa de ver. Pasamos por ella los caballos. Tiene cada pasaje dos puentes: la una por donde pasa la gente común; la otra por donde pasa el señor de la tierra o sus capitanes. Esta tienen siempre cerrada e indios que la guardan. Estos indios cobran portazgo de los que pasan.”

Capitán

Texto pag No Cita
120 “Pasadas siete u ocho jornadas, vino al gobernador un capitán de Atabaliba, y díjole que su señor Atabaliba había sabido de su venida y holgaba mucho dello, y tenía deseo de conocer a los cristianos: y así como hubo estado dos días con el gobernador, dijo que quería adelantarse a decir a su señor cómo iba, y que el otro vernía al camino con presente en señal de paz.”
122 “Entre los mensajeros que envió, vino aquel capitán que primero había venido al gobernador al camino, y dijo al gobernador que su señor Atabaliba decía pues los cristianos habían ido con armas a su real, que él quería venir con sus armas. El gobernador le dijo que viniese como él quisiese, y Atabaliba partió de su real a mediodía, y en llegar hasta un campo que estaba medio cuarto de legua de Caxamalca tardó hasta que el sol iba muy bajo.”
124 “Otro día de mañana, mandó el gobernador que fuésemos al real de Atabaliba: hallóse en él hasta cuarenta mil castellanos y cuatro o cinco mil marcos de plata, y el real tan lleno de gente como si nunca hubiera faltado ninguna. Recogióse toda la gente, y el gobernador les habló que se fuesen a sus casas, que él no venía a hacer mal, que lo que se había hecho había sido por la soberbia de Atabaliba; y el Atabaliba asimismo se lo mandó. Preguntando a Atabaliba por que había echado el libro y mostrado tanta soberbia, dijo que aquel capitán suyo, que había venido a hablar al gobernador, le había dicho que los cristianos no eran hombres de guerra, y que los caballos se desensillaban de noche, y que con doscientos indios que le diese, se los ataría a todos; y que este capitán y el cacique que arriba he dicho de San Miguel, le engañaron. Preguntóle el gobernador por su hermano del Cuzco: dijo que otro día allegaría allí, que le traían preso, y que sus capitanes quedaban con la gente en el pueblo del Cuzco. Y según después pareció dijo verdad en todo, salvo que a su hermano lo envió a matar, con temor que el gobernador le restituyese en su señorío.”
128-129 “En este pueblo supe que un capitán y principal de Atabaliba estaba veinte leguas de nosotros en un pueblo que dice Xauxa: enviéle a llamar que me viniese a ver, y respondió que yo me fuese camino de Caxamalca, que él saldría por otro camino a juntarse conmigo. Sabido por el gobernador que el capitán estaba de paz y quería ir conmigo, escribióme que volviese , y envió tres cristianos al Cusco, que es cincuenta leguas más delante de Xauxa, a tomar la posesión y ver la tierra. Yo me volví camino de Caxamalca por otro camino que el que había ido adonde el capitán de Atabaliba quedó de salir a mí no había salido: antes supe de aquellos caciques que estaba quedo y me había burlado porque me viniese. Desde allí volvimos hacia donde él estaba, y el camino fué tan fragoso y de tanta nieve, que se pasó harto trabajo en llegar allá. Llegado al camino real a un pueblo que se dice “Bombón”, topé un capitán de Atabaliba con cinco mil indios de guerra que a Atabaliba llevaba en achaque de conquistar un cacique rebelde, y según después ha parecido, eran para hacer junta para matar a los cristianos: allí hallamos hasta quinientos mil pesos de oro que llevaban a Caxamalca. Este capitán me dijo que el capitán general quedaba en Xauxa, y sabía de nuestra ida y tenía mucho miedo. Yo le envié mensajeros para que estuviese quedo y no tuviese temor; hallé allí un negro que había ido con los cristianos que iban al Cusco, y díjome que aquellos temores eran fingidos, porque el capitán tenía mucha gente y muy buena, y que en presencia de los cristianos la habían contado por sus nudos, y que había hallado treinta y cinco mil indios. Así fuimos a Xauxa: llegado media legua del pueblo, visto que el capitán no salía a recibirnos un principal de Atabaliba que llevaba conmigo, a quien yo había hecho buen tratamiento, me dijo que hiciese ir los cristianos en orden, porque creía que el capitán estaba de guerra. Subido a un cerrillo que estaba cerca de Xauxa, vimos en la plaza gran bulto negro, que pensamos ser cosa quemada. Preguntando qué era aquello, dijéronnos que eran indios. La plaza es grande y tiene un cuarto de legua. Llegados al pueblo, y como nadie nos salía a recibir, iba la gente toda con pensamiento de pelear con los indios: al entrar en la plaza salieron unos principales a recibirnos de paz, y dijéronnos que el capitán no estaba allí que era ido a pacificar ciertos caciques, y según pareció de temor se había ido con la gente de guerra, y había pasado un río que estaba junto cabe el pueblo, de una puente de red. Enviéle a decir que viniese de paz, si no que irían los cristianos a le destruir.”
129 “Otro día de mañana vino la gente que estaba en la plaza, que eran indios de servicio, y es verdad que había sobre cien mil ánimas: allí estuvimos cinco días. En todo este pueblo no hicieron sino bailar y cantar y grandes fiestas de borracheras. Púsose en no venir conmigo: al cabo desde que dio la determinación de traerle, vino de su voluntad. Dejé allí por capitán al principal que llevé conmigo.”

Casas de mujeres

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126 “En todos los pueblos hay casas de mujeres encerradas: tienen guardas a las puertas; guardan castidad. Si algún indio tiene parte con alguna de ellas, muere por ello. Estas casas [. . .] para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas. También tienen cargos de hacer chicha para cuando pasa la gente de guerra. De estas casas sacaban indias que nos presentaban. A estos pueblos del camino vienen a servir todos los caciques comarcanos: cuando pasa la gente de guerra, tienen depósito de leña y maiz y de todo lo demás.”
126 “En todos los pueblos hay casas de mujeres encerradas: tienen guardas a las puertas; guardan castidad. Si algún indio tiene parte con alguna de ellas, muere por ello. Estas casas [. . .] para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas. También tienen cargos de hacer chicha para cuando pasa la gente de guerra. De estas casas sacaban indias que nos presentaban. A estos pueblos del camino vienen a servir todos los caciques comarcanos: cuando pasa la gente de guerra, tienen depósito de leña y maiz y de todo lo demás.”
126 “Llegados a los llanos, que es en la costa, es otra manera de gente más bruta, no tan bien tratados, mas de mucha gente. Asimismo tienen casas de mujeres y todo lo demás, como los pueblos de la sierra. Nunca nos quisieron decir de la mezquita: que tenían en sí ordenados que todos los que nos dijesen, habían de morir; pero como teníamos noticia que era en la costa, seguimos el camino real hasta ir a dar en ella.”
127 “Los caciques comarcanos me vinieron a ver y trajeron presente; y allí en la mezquita se halló algún oro podrido que dejaron, cuando escondieron lo demás: de todo se juntó ochenta y cinco mil castellanos y tres mil marcos de plata. Este pueblo de la mezquita (es) de muy grandes cercados y corrales: fuera de ella está otro cercado grande, que por una puerta se sirve la mezquita. En este cercado están las casas de las mujeres, que dicen ser mujeres del diablo, y aquí están los silos, donde están guardados los depósitos del oro. Aquí no entra nadie donde estas mujeres están: hacen sus sacrificios como las que están en las otras casas del sol, que arriba he dicho. Para entrar en el primer patio de la mezquita, han de ayunar veinte días: para subir al patio de arriba, han de haber ayunado un año: en este patio de arriba suele estar el obispo: cuando suben algunos mensajeros de caciques que han ayunado su año, a pedir al dios que les dé maíz y buenos temporales, hallan el obispo cubierta la cabeza y sentado.”

Casas de sol

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127 “Los caciques comarcanos me vinieron a ver y trajeron presente; y allí en la mezquita se halló algún oro podrido que dejaron, cuando escondieron lo demás: de todo se juntó ochenta y cinco mil castellanos y tres mil marcos de plata. Este pueblo de la mezquita (es) de muy grandes cercados y corrales: fuera de ella está otro cercado grande, que por una puerta se sirve la mezquita. En este cercado están las casas de las mujeres, que dicen ser mujeres del diablo, y aquí están los silos, donde están guardados los depósitos del oro. Aquí no entra nadie donde estas mujeres están: hacen sus sacrificios como las que están en las otras casas del sol, que arriba he dicho. Para entrar en el primer patio de la mezquita, han de ayunar veinte días: para subir al patio de arriba, han de haber ayunado un año: en este patio de arriba suele estar el obispo: cuando suben algunos mensajeros de caciques que han ayunado su año, a pedir al dios que les dé maíz y buenos temporales, hallan el obispo cubierta la cabeza y sentado.”

Caxamalca

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120 “El gobernador fue de camino adelante hasta llegar a un pueblo que se dice la Ramada, que hasta allí era todo tierra llana, y desde allí era sierra muy áspera y de muy malos pasos: y visto que no volvía el mensajero de Atabaliba, quiso informarse de algunos indios que habían venido a Caxamalca; y atormentáronse, y dijeron que habían oído que Atabaliba esperaba al gobernador en la sierra para darle guerra. Y así mandó apercibir la gente dejando la rezaga en el llano, y subió; y el camino era tan malo que de verdad si así fuera que allí nos esperaban en otro paso que hallamos de allí a Caxamalca, muy ligeramente nos llevaran, porque aun del diestro no podíamos llevar los caballos por los caminos, y fuera de camino ni caballos ni peones. Y esta sierra hasta llegar a Caxamalca hay veinte leguas.”
120-121 “A la mitad del camino vinieron mensajeros de Atabaliba, y trajeron al gobernador comida, y dijeron que Atabaliba le esperaba en Caxamalca, que quería ser su amigo, y que le hacía saber que sus capitanes que había enviado a la del Cuzco su hermano, le traían preso y que serían en Caxamalca dende en dos días, y que toda la tierra de su padre estaba ya por él. El gobernador le envió decir que holgaba mucho de ello, y que si algún señor había que no le quería dar la obediencia, que él le ayudaría a sojuzgarle.”
121 “Desde a dos días llegó el gobernador a vista de Caxamalca, y halló indios con comida: y puesta la gente en orden, caminó al pueblo, y halló que Atabaliba no estaba en él, que estaba una legua de allí en el campo con toda su gente en toldos.”
122 “Entre los mensajeros que envió, vino aquel capitan que primero había venido al gobernador al camino, y dijo al gobernador que su señor Atabaliba decía pues los cristianos habían ido con armas a su real, que él quería venir con sus armas. El gobernador le dijo que viniese como él quisiese, y Atabaliba partió de su real a mediodía, y en llegar hasta un campo que estaba medio cuarto de legua de Caxamalca tardó hasta que el sol iba muy bajo. Allí asentó sus toldos e hizo tres escuadrones de gente, y a todo esto venía el camino lleno, y no había acabado de salir del real.”
125 “Pasados los dos meses que el oro no venía, antes el gobernador tenía nuevas cada día que venía gente de guerra sobre él, así por eso como por dar prisa al oro que viniese, el gobernador me mandó que saliese con veinte de caballo y diez o doce peones, hasta un pueblo que se dice Guamachuco, que esta veinte leguas de Caxamalca, que es adonde se decía que se hacía junta de los indios de guerra : y así fuí hasta aquel pueblo, donde hallamos cantidad de oro y plata, y desde allí la envié a Caxamalca.”
127 “Toda esta tierra de los llanos y mucha más adelante no tributa al Cusco, sino a la mezquita. El obispo de ella estaba con el gobernador en Caxamalca: habíale mandado otro buhío de oro, como el que Atabaliba mandó. A este propósito el gobernador me envió ir a dar priesa para que se llevase. Llegado a la mezquita y aposentados, pregunté por el oro y negáronmelo que no lo había: hízose alguna diligencia, y no se pudo hallar.”
128-129 “En este pueblo supe que un capitan y principal de Atabaliba estaba veinte leguas de nosotros en un pueblo que dice Xauxa: enviéle a llamar que me viniese a ver, y respondió que yo me fuese camino de Caxamalca, que él saldría por otro camino a juntarse conmigo. Sabido por el gobernador que el capitan estaba de paz y quería ir conmigo, escribióme que volviese , y envió tres cristianos al Cusco, que es cincuenta leguas más delante de Xauxa, a tomar la posesión y ver la tierra. Yo me volví camino de Caxamalca por otro camino que el que había ido adonde el capitan de Atabaliba quedó de salir a mí no había salido: antes supe de aquellos caciques que estaba quedo y me había burlado porque me viniese. Desde allí volvimos hacia donde él estaba, y el camino fué tan fragoso y de tanta nieve, que se pasó harto trabajo en llegar allá. Llegado al camino real a un pueblo que se dice “Bombón”, topé un capitan de Atabaliba con cinco mil indios de guerra que a Atabaliba llevaba en achaque de conquistar un cacique rebelde, y según después ha parecido, eran para hacer junta para matar a los cristianos: allí hallamos hasta quinientos mil pesos de oro que llevaban a Caxamalca.”
130 “Toda la tierra desde Xauxa a Caxamalca por donde volvimos es de la calidad que tengo dicho. Venidos a Caxamalca y dicho al gobernador lo que se había hecho, me mandó ir a España a hacer relación a Su Majestad de esto y de otras cosas que convienen a su servicio. Sacóse del montón del oro cien mil castellanos para Su Majestad en cuenta de sus quintos. Otro día de cómo partí de Caxamalca llegaron los cristianos que habían ido al Cusco, y trajeron millón y medio de oro.”

Chicha

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126 “Estas casas son unas para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas. También tienen cargos de hacer chicha para cuando pasa la gente de guerra. De estas casas sacaban indias que nos presentaban. A estos pueblos del camino vienen a servir todos los caciques comarcanos: cuando pasa la gente de guerra, tienen depósito de leña y maiz y de todo lo demás. Cuentan por unos nudos en unas cuerdas de lo que cada cacique a traído. Y cuando nos habían de traer algunas cargas de leña u ovejas o maíz o chicha, quitaban de los nudos de los que tenían a cargo, y anudábanlo en otra parte: de manera que en todo tienen muy gran cuenta y razón. En todos estos pueblos nos hicieron muy grandes fiestas de danzas y bailes.”

Cuzco

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120 “A la mitad del camino vinieron mensajeros de Atabaliba, y trajeron al gobernador comida, y dijeron que Atabaliba le esperaba en Caxamalca, que quería ser su amigo, y que le hacía saber que sus capitanes que había enviado a la del Cuzco su hermano, le traían preso y que serían en Caxamalca dende en dos días, y que toda la tierra de su padre estaba ya por él. El gobernador le envió decir que holgaba mucho de ello, y que si algún señor había que no le quería dar la obediencia, que él le ayudaría a sojuzgarle.”
120 “Después que de aquella tierra vino Isasaga, de quien vuestras mercedes se informarían de lo hasta allí acaecido, el gobernador fundó en nombre de Su Majestad un pueblo cerca de la costa, que se llama San Miguel, veinticinco leguas de aquel cabo de Túmbez. Dejados allí los vecinos y partidos los indios que había en la comarca del pueblo, se partió con sesenta de caballo y noventa peones, que estaba en él Atabaliba hijo del Cuzco viejo y hermano del que al presente era señor de la tierra: y entre los dos hermanos había muy cruda guerra, y aquel Atabaliba le había venido ganando la guerra hasta allí que hay desde donde partió ciento cincuenta leguas.”
124 “Preguntando a Atabaliba por que había echado el libro y mostrado tanta soberbia, dijo que aquel capitán suyo, que había venido a hablar al gobernador, le había dicho que los cristianos no eran hombres de guerra, y que los caballos se desensillaban de noche, y que con doscientos indios que le diese, se los ataría a todos; y que este capitán y el cacique que arriba he dicho de San Miguel, le engañaron. Preguntóle el gobernador por su hermano del Cuzco: dijo que otro día allegaría allí, que le traían preso, y que sus capitanes quedaban con la gente en el pueblo del Cuzco. Y según después pareció dijo verdad en todo, salvo que a su hermano lo envió a matar, con temor que el gobernador le restituyese en su señorío.”

Cusco

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126 “Estas casas son unas para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas. También tienen cargos de hacer chicha para cuando pasa la gente de guerra. De estas casas sacaban indias que nos presentaban.”
127 “Toda esta tierra de los llanos y mucha más adelante no tributa al Cusco, sino a la mezquita. El obispo de ella estaba con el gobernador en Caxamalca: habíale mandado otro buhío de oro, como el que Atabaliba mandó. A este propósito el gobernador me envió ir a dar priesa para que se llevase. Llegado a la mezquita y aposentados, pregunté por el oro y negáronmelo que no lo había: hízose alguna diligencia, y no se pudo hallar.”
128 “En este pueblo supe que un capitán y principal de Atabaliba estaba veinte leguas de nosotros en un pueblo que dice Xauxa: enviéle a llamar que me viniese a ver, y respondió que yo me fuese camino de Caxamalca, que él saldría por otro camino a juntarse conmigo. Sabido por el gobernador que el capitán estaba de paz y quería ir conmigo, escribióme que volviese, y envió tres cristianos al Cusco, que es cincuenta leguas más delante de Xauxa, a tomar la posesión y ver la tierra.”
129 “Yo le envié mensajeros para que estuviese quedo y no tuviese temor; hallé allí un negro que había ido con los cristianos que iban al Cusco, y díjome que aquellos temores eran fingidos, porque el capitán tenía mucha gente y muy buena, y que en presencia de los cristianos la habían contado por sus nudos, y que había hallado treinta y cinco mil indios.”
130 “Venidos a Caxamalca, y dicho al gobernador lo que se había hecho, me mandó ir a España a hacer relación a Su Majestad de esto y de otras cosas que convienen a su servicio. Sacóse del montón del oro cien mil castellanos para Su Majestad en cuenta de sus quintos. Otro día de cómo partí de Caxamalca, llegaron los cristianos que habían ido al Cusco, y trajeron millón y medio de oro.”

Cuzco

Texto pag No Cita
120 “A la mitad del camino vinieron mensajeros de Atabaliba, y trajeron al gobernador comida, y dijeron que Atabaliba le esperaba en Caxamalca, que quería ser su amigo, y que le hacía saber que sus capitanes que había enviado a la del Cuzco su hermano, le traían preso y que serían en Caxamalca dende en dos días, y que toda la tierra de su padre estaba ya por él. El gobernador le envió decir que holgaba mucho de ello, y que si algún señor había que no le quería dar la obediencia, que él le ayudaría a sojuzgarle.”
120 “Después que de aquella tierra vino Isasaga, de quien vuestras mercedes se informarían de lo hasta allí acaecido, el gobernador fundó en nombre de Su Majestad un pueblo cerca de la costa, que se llama San Miguel, veinticinco leguas de aquel cabo de Túmbez. Dejados allí los vecinos y partidos los indios que había en la comarca del pueblo, se partió con sesenta de caballo y noventa peones, que estaba en él Atabaliba hijo del Cuzco viejo y hermano del que al presente era señor de la tierra: y entre los dos hermanos había muy cruda guerra, y aquel Atabaliba le había venido ganando la guerra hasta allí que hay desde donde partió ciento cincuenta leguas.”
124 “Preguntando a Atabaliba por que había echado el libro y mostrado tanta soberbia, dijo que aquel capitán suyo, que había venido a hablar al gobernador, le había dicho que los cristianos no eran hombres de guerra, y que los caballos se desensillaban de noche, y que con doscientos indios que le diese, se los ataría a todos; y que este capitán y el cacique que arriba he dicho de San Miguel, le engañaron. Preguntóle el gobernador por su hermano del Cuzco: dijo que otro día allegaría allí, que le traían preso, y que sus capitanes quedaban con la gente en el pueblo del Cuzco. Y según después pareció dijo verdad en todo, salvo que a su hermano lo envió a matar, con temor que el gobernador le restituyese en su señorío.”

Cusco

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126 “Estas casas son unas para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas. También tienen cargos de hacer chicha para cuando pasa la gente de guerra. De estas casas sacaban indias que nos presentaban.”
127 “Toda esta tierra de los llanos y mucha más adelante no tributa al Cusco, sino a la mezquita. El obispo de ella estaba con el gobernador en Caxamalca: habíale mandado otro buhío de oro, como el que Atabaliba mandó. A este propósito el gobernador me envió ir a dar priesa para que se llevase. Llegado a la mezquita y aposentados, pregunté por el oro y negáronmelo que no lo había: hízose alguna diligencia, y no se pudo hallar.”
128 “En este pueblo supe que un capitán y principal de Atabaliba estaba veinte leguas de nosotros en un pueblo que dice Xauxa: enviéle a llamar que me viniese a ver, y respondió que yo me fuese camino de Caxamalca, que él saldría por otro camino a juntarse conmigo. Sabido por el gobernador que el capitán estaba de paz y quería ir conmigo, escribióme que volviese, y envió tres cristianos al Cusco, que es cincuenta leguas más delante de Xauxa, a tomar la posesión y ver la tierra.”
129 “Yo le envié mensajeros para que estuviese quedo y no tuviese temor; hallé allí un negro que había ido con los cristianos que iban al Cusco, y díjome que aquellos temores eran fingidos, porque el capitán tenía mucha gente y muy buena, y que en presencia de los cristianos la habían contado por sus nudos, y que había hallado treinta y cinco mil indios.”
130 “Venidos a Caxamalca, y dicho al gobernador lo que se había hecho, me mandó ir a España a hacer relación a Su Majestad de esto y de otras cosas que convienen a su servicio. Sacóse del montón del oro cien mil castellanos para Su Majestad en cuenta de sus quintos. Otro día de cómo partí de Caxamalca, llegaron los cristianos que habían ido al Cusco, y trajeron millón y medio de oro.”

Duho

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122 “Díjome el capitán que hasta que yo llegué, nunca pudo acabar con el que le hablase, sino un principal suyo hablaba por el, y él siempre la cabeza baja. Estaba sentado en un duho, con toda majestad del mundo, cercado de todas sus mujeres, y muchos principales cerca de él: antes de llegar allí estaba otro golpe de principales, y así por orden cada uno del estado que eran.”

Fortalecilla

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123 “El gobernador envió un cristiano, y luego Atabaliba se movió para venir, y dejó allí a la gente con las armas, y llevó consigo hasta cinco o seis mil indios sin armas, salvo que debajo de las camisetas traían unas porras pequeñas y hondas y bolsas con piedras. Venía en unas andas, y delante de él hasta trescientos o cuatrocientos indios con camisetas de librea, limpiando las pajas del camino y cantando; y él en medio de la otra gente, que eran caciques y principales, y los más principales caciques le traían en los hombros. En entrando en la plaza, subieron doce o quince indios en una fortalecilla que allí está y tomáronla a manera de posesión con una bandera puesta en una lanza.”

Gobernadores

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126 “Estos caciques de la sierra y gente tienen más arte que no los de los llanos. Es la tierra bien poblada : tienen muchas minas en mucha parte de ella. Es tierra fría: nieva en ella y llueve mucho; no hay ciénagas: es pobre de leña. En todos los pueblos principales tiene Atabaliba puestos gobernadores, y asimismo los tenían los señores antecesores suyos.”

Guamachuco

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125 “Pasados los dos meses que el oro no venía, antes el gobernador tenía nuevas cada día que venía gente de guerra sobre él, así por eso como por dar prisa al oro que viniese, el gobernador me mandó que saliese con veinte de caballo y diez o doce peones, hasta un pueblo que se dice Guamachuco, que esta veinte leguas de Caxamalca, que es adonde se decía que se hacía junta de los indios de guerra : y así fuí hasta aquel pueblo, donde hallamos cantidad de oro y plata, y desde allí la envié a Caxamalca.”

Maíz

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126 “También tienen cargos de hacer chicha para cuando pasa la gente de guerra. De estas casas sacaban indias que nos presentaban. A estos pueblos del camino vienen a servir todos los caciques comarcanos: cuando pasa la gente de guerra, tienen depósito de leña y maíz y de todo lo demás. Cuentan por unos nudos en unas cuerdas de lo que cada cacique a traído. Y cuando nos habían de traer algunas cargas de leña u ovejas o maíz o chicha, quitaban de los nudos de los que tenían a cargo, y anudábanlo en otra parte: de manera que en todo tienen muy gran cuenta y razón. En todos estos pueblos nos hicieron muy grandes fiestas de danzas y bailes.”
127 “Para entrar en el primer patio de la mezquita, han de ayunar veinte dás: para subir al patio de arriba, han de haber ayunado un año: en este patio de arriba suele estar el obispo: cuando suben algunos mensajeros de caciques que han ayunado su año, a pedir al dios que les dé maíz y buenos temporales, hallan el obispo cubierta la cabeza y sentado. Hay otros indios que llaman pajes del dios. Así como estos mensajeros de los caciques dicen al obispo por su embajada, entran aquellos pajes del diablo dentro de una camarilla, donde dicen que hablan con él; que el diablo les dice de qué está enojado de los caciques, y los sacrificios se han de hacer, y los presentes que quiere que le traigan.”

Mensajero

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120 “El gobernador fue de camino adelante hasta llegar a un pueblo que se dice la Ramada, que hasta allí era todo tierra llana, y desde allí era sierra muy áspera y de muy malos pasos: y visto que no volvía el, mensajero de Atabaliba, quiso informarse de algunos indios que habían venido a Caxamalca; y atormentáronse, y dijeron que habían oído que Atabaliba esperaba al gobernador en la sierra para darle guerra.”

Mensajeros

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120 “A la mitad del camino vinieron mensajeros de Atabaliba, y trajeron al gobernador comida, y dijeron que Atabaliba le esperaba en Caxamalca, que quería ser su amigo, y que le hacía saber que sus capitanes que había enviado a la del Cuzco su hermano, le traían preso y que serían en Caxamalca dende en dos días, y que toda la tierra de su padre estaba ya por él.”
122 “Aquella noche se hizo buena guarda: a la mañana, envió sus mensajeros, dilatando la venida hasta que era ya tarde; y de aquellos mensajeros que venían hablando con algunas indias tenían los cristianos parientas suyas, y les dijeron que se huyesen, porque Atabaliba venía sobre tarde para dar aquella noche en los cristianos y matarlos. Entre los mensajeros que envió, vino aquel capitán que primero había venido al gobernador al camino, y dijo al gobernador que su señor Atabaliba decía pues los cristianos habían ido con armas a su real, que él quería venir con sus armas. El gobernador le dijo que viniese como él quisiese, y Atabaliba partió de su real a mediodía, y en llegar hasta un campo que estaba medio cuarto de legua de Caxamalca tardó hasta que el sol iba muy bajo.”
123 “El gobernador había mandado repartir la gente en los tres galpones que estaban en la plaza, en triángulo, y que estuviesen a caballo y armados hasta ver qué determinación traía Atabaliba. Asentados sus toldos, envió a decir al gobernador que ya era tarde, que él quería dormir allí, que por la mañana vernía: el gobernador le envió a decir que le rogaba que viniese luego, porque le esperaba a cenar, y que no había de cenar hasta que fuese. Tornaron los mensajeros a decir al gobernador que le enviase allá un cristiano, que él quería venir luego, y que vernía sin armas.”
127 “Para entrar en el primer patio de la mezquita, han de ayunar veinte dás: para subir al patio de arriba, han de haber ayunado un año: en este patio de arriba suele estar el obispo: cuando suben algunos mensajeros de caciques que han ayunado su año, a pedir al dios que les dé maíz y buenos temporales, hallan el obispo cubierta la cabeza y sentado. Hay otros indios que llaman pajes del dios. Así como estos mensajeros de los caciques dicen al obispo por su embajada, entran aquellos pajes del diablo dentro de una camarilla, donde dicen que hablan con él; que el diablo les dice de qué está enojado de los caciques, y los sacrificios se han de hacer, y los presentes que quiere que le traigan.”

Mezquita

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125 “A este pueblo me llegó licencia del gobernador para que fuese a una mezquita, de que teníamos noticia, que estaba cien leguas de la costa de la mar, en un pueblo que se dice Pachacama: tardamos en llegar a ella veintidós días; los quince días fuimos por la sierra, y los otros por la costa de la mar."
126 “Llegados a los llanos, que es en la costa, es otra manera de gente más bruta, no tan bien tratados, mas de mucha gente. Asimismo tienen casas de mujeres y todo lo demás, como los pueblos de la sierra. Nunca nos quisieron decir de la mezquita: que tenían en sí ordenados que todos los que nos dijesen, habían de morir; pero como teníamos noticia que era en la costa, seguimos el camino real hasta ir a dar en ella. El camino va muy ancho, tapiado de una banda y de otra. A trechos casas de aposento hechas en él, que quedaron de cuando el Cusco pasó por aquella tierra. Hay poblaciones muy grandes: las casas de los indios de cañizos; las de los caciques de tapia, y ramadas por coberturas, porque en aquella tierra no llueve. Desde el pueblo de San Miguel hasta aquella mezquita habrá ciento setenta o ciento ochenta leguas por la costa de la tierra muy poblada.”
127 “Toda esta tierra de los llanos y mucha más adelante no tributa al Cusco, sino a la mezquita. El obispo de ella estaba con el gobernador en Caxamalca: habíale mandado otro buhío de oro, como el que Atabaliba mandó. A este propósito el gobernador me envió ir a dar priesa para que se llevase. Llegado a la mezquita y aposentados, pregunté por el oro y negáronmelo que no lo había: hízose alguna diligencia, y no se pudo hallar. Los caciques comarcanos me vinieron a ver y trajeron presente; y allí en la mezquita se halló algún oro podrido que dejaron, cuando escondieron lo demás: de todo se juntó ochenta y cinco mil castellanos y tres mil marcos de plata. Este pueblo de la mezquita (es) de muy grandes cercados y corrales: fuera de ella está otro cercado grande, que por una puerta se sirve la mezquita. En este cercado están las casas de las mujeres, que dicen ser mujeres del diablo, y aquí están los silos, donde están guardados los depósitos del oro. Aquí no entra nadie donde estas mujeres están: hacen sus sacrificios como las que están en las otras casas del sol, que arriba he dicho. Para entrar en el primer patio de la mezquita, han de ayunar veinte días: para subir al patio de arriba, han de haber ayunado un año: en este patio de arriba suele estar el obispo: cuando suben algunos mensajeros de caciques que han ayunado su año, a pedir al dios que les dé maíz y buenos temporales, hallan el obispo cubierta la cabeza y sentado.”
128 “Esta mezquita es tan temida de todos los indios, que si alguno de aquellos servidores del diablo le pidiese cuanto tuviese y no lo diese, había de morir luego. Y según parece los indios no adoran a este diablo por devoción sino por temor: que a mí me decíanlos caciques que hasta entonces había servido aquella mezquita porque le habían miedo, que ya no había miedo sino a nosotros, que a nosotros querían servir.”

Nudos

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126 “A estos pueblos del camino vienen a servir todos los caciques comarcanos: cuando pasa la gente de guerra, tienen depósito de leña y maiz y de todo lo demás. Cuentan por unos nudos en unas cuerdas de lo que cada cacique a traído. Y cuando nos habían de traer algunas cargas de leña u ovejas o maíz o chicha, quitaban de los nudos de los que tenían a cargo, y anudábanlo en otra parte: de manera que en todo tienen muy gran cuenta y razón. En todos estos pueblos nos hicieron muy grandes fiestas de danzas y bailes.”
129 “Este capitán me dijo que el capitán general quedaba en Xauxa, y sabía de nuestra ida y tenía mucho miedo. Yo le envié mensajeros para que estuviese quedo y no tuviese temor; hallé allí un negro que había ido con los cristianos que iban al Cusco, y díjome que aquellos temores eran fingidos, porque el capitán tenía mucha gente y muy buena, y que en presencia de los cristianos la habían contado por sus nudos, y que había hallado treinta y cinco mil indios.”

Obispo

Texto pag No Cita
127 “Toda esta tierra de los llanos y mucha más adelante no tributa al Cusco, sino a la mezquita. El obispo de ella estaba con el gobernador en Caxamalca: habíale mandado otro buhío de oro, como el que Atabaliba mandó. A este propósito el gobernador me envió ir a dar priesa para que se llevase. Llegado a la mezquita y aposentados, pregunté por el oro y negáronmelo que no lo había: hízose alguna diligencia, y no se pudo hallar.”
127 “Para entrar en el primer patio de la mezquita, han de ayunar veinte días: para subir al patio de arriba, han de haber ayunado un año: en este patio de arriba suele estar el obispo: cuando suben algunos mensajeros de caciques que han ayunado su año, a pedir al dios que les dé maíz y buenos temporales, hallan el obispo cubierta la cabeza y sentado. Hay otros indios que llaman pajes del dios. Así como estos mensajeros de los caciques dicen al obispo por su embajada, entran aquellos pajes del diablo dentro de una camarilla, donde dicen que hablan con él; que el diablo les dice de qué está enojado de los caciques, y los sacrificios se han de hacer, y los presentes que quiere que le traigan.”

Ovejas

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126 “Estas casas son unas para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas. También tienen cargos de hacer chicha para cuando pasa la gente de guerra. De estas casas sacaban indias que nos presentaban. A estos pueblos del camino vienen a servir todos los caciques comarcanos: cuando pasa la gente de guerra, tienen depósito de leña y maiz y de todo lo demás. Cuentan por unos nudos en unas cuerdas de lo que cada cacique a traído. Y cuando nos habían de traer algunas cargas de leña u ovejas o maíz o chicha, quitaban de los nudos de los que tenían a cargo, y anudábanlo en otra parte: de manera que en todo tienen muy gran cuenta y razón.”

Pachacama

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125 “A este pueblo me llegó licencia del gobernador para que fuese a una mezquita, de que teníamos noticia, que estaba cien leguas de la costa de la mar, en un pueblo que se dice Pachacama: tardamos en llegar a ella veintidós días; los quince días fuimos por la sierra, y los otros por la costa de la mar.”

Panamá

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130 “Después de yo venido a Panamá vino otro navío en que vinieron algunos hidalgos. Dicen que hizo repartimiento del oro: cupo a Su Majestad, además de los cien mil pesos que yo llevo y cinco mil marcos de plata, otros ciento sesenta y cinco mil castellanos y siete u ocho mil marcos de plata, y a todos los que adelante venimos nos han enviado más socorro de oro.”

Perú

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119 “Yo llegué a este puerto de la Yaguana de camino para pasar a España por mandado del Gobernador Francisco Pizarro, a informar a Su Majestad de lo sucedido en aquella gobernación del Perú y la manera de la tierra y estado en que queda; y, porque creo que los que a esa ciudad van, darán a vuestras mercedes variables nuevas, me ha parecido escribir en suma lo sucedido en la tierra, para que sean informados de la verdad.”

Principal

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122 “Díjome el capitán que hasta que yo llegué, nunca pudo acabar con el que le hablase, sino un principal suyo hablaba por el, y él siempre la cabeza baja. Estaba sentado en un duho, con toda majestad del mundo, cercado de todas sus mujeres, y muchos principales cerca de él: antes de llegar allí estaba otro golpe de principales, y así por orden cada uno del estado que eran. Ya puesto el sol, yo le dije que me quería ir, que viese lo que quería que dijese al gobernador. Díjome que le dijese que otro día por la mañana le iría a ver, y que se aposentase en tres galpones grandes, que estaban en aquella plaza, y uno que estaba en medio le dejasen para él.”
128 “En este pueblo supe que un capitán y principal de Atabaliba estaba veinte leguas de nosotros en un pueblo que dice Xauxa: enviéle a llamar que me viniese a ver, y respondió que yo me fuese camino de Caxamalca, que él saldría por otro camino a juntarse conmigo [. . .] Así fuimos a Xauxa: llegado media legua del pueblo, visto que el capitán no salía a recibirnos un principal de Atabaliba que llevaba conmigo, a quien yo había hecho buen tratamiento, me dijo que hiciese ir los cristianos en orden, porque creía que el capitán estaba de guerra.”
129 “Otro día de mañana vino la gente que estaba en la plaza, que eran indios de servicio, y es verdad que había sobre cien mil ánimas: allí estuvimos cinco días. En todo este pueblo no hicieron sino bailar y cantar y grandes fiestas de borracheras. Púsose en no venir conmigo: al cabo desde que dio la determinación de traerle, vino de su voluntad. Dejé allí por capitán al principal que llevé conmigo.”

Principales

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122 “Díjome el capitán que hasta que yo llegué, nunca pudo acabar con el que le hablase, sino un principal suyo hablaba por el, y él siempre la cabeza baja. Estaba sentado en un duho, con toda majestad del mundo, cercado de todas sus mujeres, y muchos principales cerca de él: antes de llegar allí estaba otro golpe de principales, y así por orden cada uno del estado que eran. Ya puesto el sol, yo le dije que me quería ir, que viese lo que quería que dijese al gobernador. Díjome que le dijese que otro día por la mañana le iría a ver, y que se aposentase en tres galpones grandes, que estaban en aquella plaza, y uno que estaba en medio le dejasen para él.”
123 “El gobernador envió un cristiano, y luego Atabaliba se movió para venir, y dejó allí a la gente con las armas, y llevó consigo hasta cinco o seis mil indios sin armas, salvo que debajo de las camisetas traían unas porras pequeñas y hondas y bolsas con piedras. Venía en unas andas, y delante de él hasta trescientos o cuatrocientos indios con camisetas de librea, limpiando las pajas del camino y cantando; y él en medio de la otra gente, que eran caciques y principales, y los más principales caciques le traían en los hombros. En entrando en la plaza, subieron doce o quince indios en una fortalecilla que allí está y tomáronla a manera de posesión con una bandera puesta en una lanza.”
126 “Estas casas son unas para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas.”
129 “Llegados al pueblo, y como nadie nos salía a recibir, iba la gente toda con pensamiento de pelear con los indios: al entrar en la plaza salieron unos principales a recibirnos de paz, y dijéronnos que el capitán no estaba allí que era ido a pacificar ciertos caciques, y según pareció de temor se había ido con la gente de guerra, y había pasado un río que estaba junto cabe el pueblo, de una puente de red. Enviéle a decir que viniese de paz, si no que irían los cristianos a le destruir.”

Real

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121 “Cuando yo llegué a este paso de Atabaliba, hallé los de caballo junto con el real, y el capitán había ido a hablar con Atabaliba. Yo dejé allí la gente que llevaba, y con dos caballos pasé al aposento; y el capitán le dijo cómo iba y quien era. Y yo dije al Atabaliba que el gobernador me enviaba a visitarle, y que le rogaba que le viniese a ver, porque le estaba esperando para holgarse con él, y que le tenía por amigo.”
122 “Entre los mensajeros que envió, vino aquel capitán que primero había venido al gobernador al camino, y dijo al gobernador que su señor Atabaliba decía pues los cristianos habían ido con armas a su real, que él quería venir con sus armas. El gobernador le dijo que viniese como él quisiese, y Atabaliba partió de su real a mediodía, y en llegar hasta un campo que estaba medio cuarto de legua de Caxamalca tardó hasta que el sol iba muy bajo. Allí asentó sus toldos e hizo tres escuadrones de gente, y a todo esto venía el camino lleno, y no había acabado de salir del real.”
124 “Otro día de mañana, mandó el gobernador que fuésemos al real de Atabaliba: hallóse en él hasta cuarenta mil castellanos y cuatro o cinco mil marcos de plata, y el real tan lleno de gente como si nunca hubiera faltado ninguna. Recogióse toda la gente, y el gobernador les habló que se fuesen a sus casas, que él no venía a hacer mal, que lo que se había hecho había sido por la soberbia de Atabaliba; y el Atabaliba asimismo se lo mandó.”

Recogidas

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126 “Estas casas son unas para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas.”

Señor

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120 “Dejados allí los vecinos y partidos los indios que había en la comarca del pueblo, se partió con sesenta de caballo y noventa peones, que estaba en él Atabaliba hijo del Cuzco viejo y hermano del que al presente era señor de la tierra: y entre los dos hermanos había muy cruda guerra, y aquel Atabaliba le había venido ganando la guerra hasta allí que hay desde donde partió ciento cincuenta leguas.”
120 “Pasadas siete u ocho jornadas, vino al gobernador un capitán de Atabaliba, y díjole que su señor Atabaliba había sabido de su venida y holgaba mucho dello, y tenía deseo de conocer a los cristianos: y así como hubo estado dos días con el gobernador, dijo que quería adelantarse a decir a su señor cómo iba, y que el otro vernía al camino con presente en señal de paz.”
121 “A la mitad del camino vinieron mensajeros de Atabaliba, y trajeron al gobernador comida, y dijeron que Atabaliba le esperaba en Caxamalca, que quería ser su amigo, y que le hacía saber que sus capitanes que había enviado a la del Cuzco su hermano, le traían preso y que serían en Caxamalca dende en dos días, y que toda la tierra de su padre estaba ya por él. El gobernador le envió decir que holgaba mucho de ello, y que si algún señor había que no le quería dar la obediencia, que él le ayudaría a sojuzgarle.”
122 “Entre los mensajeros que envió, vino aquel capitán que primero había venido al gobernador al camino, y dijo al gobernador que su señor Atabaliba decía pues los cristianos habían ido con armas a su real, que él quería venir con sus armas. El gobernador le dijo que viniese como él quisiese, y Atabaliba partió de su real a mediodía, y en llegar hasta un campo que estaba medio cuarto de legua de Caxamalca tardó hasta que el sol iba muy bajo. Allí asentó sus toldos e hizo tres escuadrones de gente, y a todo esto venía el camino lleno, y no había acabado de salir del real.”
125-126 “Todos los arroyos tienen puentes de piedra o de madera; en un río grande que era muy caudalosos y muy grande, que pasamos dos veces, hallamos puentes de red, que es cosa maravillosa de ver. Pasamos por ella los caballos. Tiene cada pasaje dos puentes: la una por donde pasa la gente común; la otra por donde pasa el señor de la tierra o sus capitanes. Esta tienen siempre cerrada e indios que la guardan. Estos indios cobran portazgo de los que pasan. Estos caciques de la sierra y gente tienen más arte que no los de los llanos.Es la tierra bien poblada : tienen muchas minas en mucha parte de ella. Es tierra fría: nieva en ella y llueve mucho; no hay ciénagas: es pobre de leña. En todos los pueblos principales tiene Atabaliba puestos gobernadores, y asimismo los tenían los señores antecesores suyos.”
126 “Estas casas son unas para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas.”

Señores

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125-126 “Todos los arroyos tienen puentes de piedra o de madera; en un río grande que era muy caudalosos y muy grande, que pasamos dos veces, hallamos puentes de red, que es cosa maravillosa de ver. Pasamos por ella los caballos. Tiene cada pasaje dos puentes: la una por donde pasa la gente común; la otra por donde pasa el señor de la tierra o sus capitanes. Esta tienen siempre cerrada e indios que la guardan. Estos indios cobran portazgo de los que pasan. Estos caciques de la sierra y gente tienen más arte que no los de los llanos.Es la tierra bien poblada : tienen muchas minas en mucha parte de ella. Es tierra fría: nieva en ella y llueve mucho; no hay ciénagas: es pobre de leña. En todos los pueblos principales tiene Atabaliba puestos gobernadores, y asimismo los tenían los señores antecesores suyos.”

Señor

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120 “Dejados allí los vecinos y partidos los indios que había en la comarca del pueblo, se partió con sesenta de caballo y noventa peones, que estaba en él Atabaliba hijo del Cuzco viejo y hermano del que al presente era señor de la tierra: y entre los dos hermanos había muy cruda guerra, y aquel Atabaliba le había venido ganando la guerra hasta allí que hay desde donde partió ciento cincuenta leguas.”
120 “Pasadas siete u ocho jornadas, vino al gobernador un capitán de Atabaliba, y díjole que su señor Atabaliba había sabido de su venida y holgaba mucho dello, y tenía deseo de conocer a los cristianos: y así como hubo estado dos días con el gobernador, dijo que quería adelantarse a decir a su señor cómo iba, y que el otro vernía al camino con presente en señal de paz.”
121 “A la mitad del camino vinieron mensajeros de Atabaliba, y trajeron al gobernador comida, y dijeron que Atabaliba le esperaba en Caxamalca, que quería ser su amigo, y que le hacía saber que sus capitanes que había enviado a la del Cuzco su hermano, le traían preso y que serían en Caxamalca dende en dos días, y que toda la tierra de su padre estaba ya por él. El gobernador le envió decir que holgaba mucho de ello, y que si algún señor había que no le quería dar la obediencia, que él le ayudaría a sojuzgarle.”
122 “Entre los mensajeros que envió, vino aquel capitán que primero había venido al gobernador al camino, y dijo al gobernador que su señor Atabaliba decía pues los cristianos habían ido con armas a su real, que él quería venir con sus armas. El gobernador le dijo que viniese como él quisiese, y Atabaliba partió de su real a mediodía, y en llegar hasta un campo que estaba medio cuarto de legua de Caxamalca tardó hasta que el sol iba muy bajo. Allí asentó sus toldos e hizo tres escuadrones de gente, y a todo esto venía el camino lleno, y no había acabado de salir del real.”
125-126 “Todos los arroyos tienen puentes de piedra o de madera; en un río grande que era muy caudalosos y muy grande, que pasamos dos veces, hallamos puentes de red, que es cosa maravillosa de ver. Pasamos por ella los caballos. Tiene cada pasaje dos puentes: la una por donde pasa la gente común; la otra por donde pasa el señor de la tierra o sus capitanes. Esta tienen siempre cerrada e indios que la guardan. Estos indios cobran portazgo de los que pasan. Estos caciques de la sierra y gente tienen más arte que no los de los llanos.Es la tierra bien poblada : tienen muchas minas en mucha parte de ella. Es tierra fría: nieva en ella y llueve mucho; no hay ciénagas: es pobre de leña. En todos los pueblos principales tiene Atabaliba puestos gobernadores, y asimismo los tenían los señores antecesores suyos.”
126 “Estas casas son unas para el sacrificio del sol, otras del Cusco viejo, padre de Atabaliba. El sacrificio que hacen es de ovejas, y hacen chicha para verter por el suelo. Hay otra casa de mujeres en cada pueblo de estos principales, asimismo guardadas, que están recogidas de los caciques comarcanos, para cuando pasa el señor de la tierra sacan de allí las mejores para presentárselas; y sacadas aquéllas meten otras tantas.”

Túmbez

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119-120 “Después que de aquella tierra vino Isasaga, de quien vuestras mercedes se informarían de lo hasta allí acaecido, el gobernador fundó en nombre de Su Majestad un pueblo cerca de la costa, que se llama San Miguel, veinticinco leguas de aquel cabo de Túmbez. Dejados allí los vecinos y partidos los indios que había en la comarca del pueblo, se partió con sesenta de caballo y noventa peones, que estaba en él Atabaliba hijo del Cuzco viejo y hermano del que al presente era señor de la tierra[…]”

Xauxa

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128 “En este pueblo supe que un capitán y principal de Atabaliba estaba veinte leguas de nosotros en un pueblo que dice Xauxa: enviéle a llamar que me viniese a ver, y respondió que yo me fuese camino de Caxamalca, que él saldría por otro camino a juntarse conmigo. Sabido por el gobernador que el capitán estaba de paz y quería ir conmigo, escribióme que volviese , y envió tres cristianos al Cusco, que es cincuenta leguas más delante de Xauxa, a tomar la posesión y ver la tierra.”
129 “Este capitán me dijo que el capitán general quedaba en Xauxa, y sabía de nuestra ida y tenía mucho miedo. Yo le envié mensajeros para que estuviese quedo y no tuviese temor; hallé allí un negro que había ido con los cristianos que iban al Cusco, y díjome que aquellos temores eran fingidos, pirque el capitán tenía mucha gente y muy buena, y que en presencia de los cristianos la habían contado por sus nudos, y que había hallado treinta y cinco mil indios. Así fuimos a Xauxa: llegado media legua del pueblo, visto que el capitán no salía a recibirnos un principal de Atabaliba que llevaba conmigo, a quien yo había hecho buen tratamiento, me dijo que hiciese ir los cristianos en orden, porque creía que el capitán estaba de guerra. Subido a un cerrillo que estaba cerca de Xauxa, vimos en la plaza gran bulto negro, que pensamos ser cosa quemada.”
129-130 “Este pueblo de Xauxa es muy bueno y muy vistoso u de muy buenas salidas llanas; tiene muy buena ribera: en todo lo que anduve no me pareció mejor disposición para asentar pueblo los cristianos, y así creo que el gobernador asentará allí pueblo, aunque algunos que piensan ser aprovechados del trato de la mar son de contraria opinión. Toda la tierra desde Xauxa a Caxamalca por donde volvimos es de la calidad que tengo dicho.”

Yaguana

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121 “Yo llegué a este puerto de la Yaguana de camino para pasar a España por mandado del Gobernador Francisco Pizarro, a informar a Su Majestad de lo sucedido en aquella gobernación del Perú y la manera de la tierra y estado en que queda; y, porque creo que los que a esa ciudad van, darán a vuestras mercedes variables nuevas, me ha parecido escribir en suma lo sucedido en la tierra, para que sean informados de la verdad.”